Artritis reumatoide

¿En qué consiste?

La artritis reumatoide es una condición autoinmune, crónica y sistémica, caracterizada por infiltración (acumulación) de células de la defensa en un tejido de la articulación denominado sinovia, el cual sufre inflamación. Es así como las defensas del cuerpo diseñadas para proteger a cada persona de agentes externos como virus y bacterias,  atacan el propio cuerpo, especialmente a la sinovia. Esta condición es más común en mujeres entre los 30 y 60 años de edad y puede ocurrir también en los extremos de la vida.

¿Por qué se origina?

La causa de la artritis reumatoide no es totalmente conocida. Se considera que se presenta como producto de la combinación de factores genéticos, hereditarios y ambientales. Existen genes que incrementan el riesgo de aparición de artritis reumatoide, así como también aquellos relacionados con aumento en el riesgo de daño generado por la misma. Factores infecciosos como virus y bacterias, pueden disparar la enfermedad en personas genéticamente predispuestas.     

Principales síntomas

La artritis reumatoide es un padecimiento crónico, en el cual el paciente presenta períodos de actividad de la enfermedad denominados “recaídas” y períodos de mejoría de la misma conocidos como “remisión”.

El diagnóstico temprano de la enfermedad así como su manejo “agresivo” buscan mantener al paciente  en remisión, mejorar los síntomas y evitar la progresión de la enfermedad y el daño generado por ella.

El síntoma más importante de la artritis reumatoide es el dolor, el cual se presenta más en la mañana y luego de períodos de reposo prolongado. El dolor se acompaña de edema (hinchazón de la articulación) y calor. El síntoma es más común en la mañana y tiende a mejorar una vez el paciente inicia sus actividades cotidianas. Las articulaciones más frecuentemente afectadas son los dedos de las manos, las muñecas, los hombros, los tobillos y los pies.
Otro síntoma es rigidez de la articulación afectada, con duración mayor a 30 minutos. Puede ser de horas.

Luego de varios años de enfermedad se pueden presentar “nódulos reumatoides”: lesiones similares a masas que pueden afectar cualquier área del cuerpo, pero se localizan principalmente en codos, dedos y talones.

Además de los síntomas articulares, el paciente con artritis presenta fatiga, fiebre (o sensación de fiebre), malestar general y pérdida del apetito. 

Sin el manejo adecuado, esta enfermedad puede llegar a afectar el sistema nervioso, corazón, pulmones, riñones y en general casi cualquier órgano de la anatomía corporal.

¿Cómo se diagnostica?

La base del diagnóstico es una adecuada historia clínica y un meticuloso examen físico realizado por médicos con conocimiento en la enfermedad. Se evalúan las características del dolor y la presencia o no de inflamación de la articulación. Una vez se ha analizado el paciente y se considera la posibilidad de artritis reumatoide, se solicitan exámenes de sangre destinados a determinar la presencia de inflamación, daño de algún órgano vital (hígado y riñón) y finalmente la presencia de anticuerpos (factor reumatoide y anticuerpos contra el péptido cíclico citrulinado) que le permitirán al especialista definir la presencia de la enfermedad y así determinar el manejo más adecuado de la misma.  

Diferencias entre artritis y artrosis

Si bien ambas son condiciones reumatológicas, son enfermedades completamente diferentes en su origen, en su curso, evolución y en su tratamiento.

La artritis reumatoide es una condición  inflamatoria, que afecta la membrana sinovial de la articulación. La artrosis no es inflamatoria y en ella existe un deterioro en el cartílago de la articulación. En relación a su frecuencia, la artritis reumatoide es una entidad  médica que afecta al 1% de la población independiente de la edad; la artrosis afecta hasta el 40% de la población pero se presenta más frecuentemente luego de los 40 años. 

Otra diferencia está en las articulaciones afectadas y el compromiso de órganos internos. En la artritis reumatoide, las articulaciones más frecuentemente afectadas son las pequeñas de las extremidades: dedos, manos, muñecas, hombros, codos y pies, siendo esta lesión frecuentemente simétrica (en ambos lados). En la artrosis, la mayor lesión se presenta en articulaciones de gran tamaño: cadera, rodilla y columna siendo más frecuente unilateral (afecta un solo lado del cuerpo).

El dolor en la articulación afectada por la artritis se presenta en la noche y en la mañana mejora al pasar el día. Mejora también con la actividad física y se acompaña de hinchazón y calor de la articulación, además de rigidez mayor a 30 minutos. El dolor en artrosis se presenta más con el pasar del día y en la tarde; poco frecuente en la mañana. Mejora con el reposo y presenta rigidez inferior a 30 minutos.      

Tratamiento

Los medicamentos utilizados para el manejo de la artritis reumatoide, pueden ser divididos en dos grupos:

  • Los destinados a mejorar los síntomas de dolor y reducir la inflamación (antiinflamatorios no esteroideos y esteroides).
  • Los medicamentos del segundo grupo, denominados fármacos antireumáticos modificadores de la enfermedad (FARME o DMARDS), destinados a evitar la progresión de la enfermedad.

Lo más frecuente es que el médico utilice al menos uno de estos medicamentos para el control de la enfermedad.

Si bien no están exentos de riesgo, estos medicamentos utilizados por personal con experiencia, son bastantes seguros y no son frecuentes sus eventos adversos.

Una vez la enfermedad se encuentre bajo control o los síntomas disminuyan, se recomienda la terapia física y ejercicios de reacondicionamiento. 

Pronóstico y expectativa de vida

La artritis reumatoide es una enfermedad que si no es controlada adecuadamente, disminuye la expectativa de vida de la persona que la padece, especialmente como consecuencia del incremento en la aparición de eventos cardiovasculares (infarto agudo de miocardio).